Nuestra falsa felicidad

Los Ancashinos somos felices ¿eres feliz o no? y somos muy felices cada día cuando la combi que te lleva al trabajo o el que te regresa a casa que puede cargar 20 pasajeros más a parte de los 15 pasajeros reglamentarios; porque el fondo está vacía y puedes bajar y subir donde te da la gana, mejor si es en la puerta de tu casa; somos muy felices los Ancashinos al tomar un taxi en una ciudad de rompemuelles que más parece haberse instalado para romper columnas del alma, o simplemente somos felices al tener un servicio de internet de telefónica, claro o bitel –igual es- más lento, caro y de pésimo servicio o cuando se reestablece la energía eléctrica que te malogró cuando estas a punto de licuar tu juguito de papaya o estas en ducha eléctrica de pronto se te apaga o justo es domingo, juega Perú con Chile y que maldices a esos tipos de Hidrandina y nada más.

Somos felices los Huaracinos cuando el agua que tomas prácticamente sale con bichos, barro y quien sabe que más y vives casi por un milagro a pesar de dolores frecuentes de estómago con anemia y desnutrición que padecen niños, mujeres y ancianos; además somos felices cuando vas a la universidad y estudias en la noche sólo Dios sabe si regresarás con vida a tu casa, o peor aun cuando vas a divertirte un fin de semana terminas en barranquito que a pesar de estar a 3 cuadras de la plaza de armas es la zona más insegura de la ciudad, o tener que ir a los cajeros de la plaza de armas y encuentras media docena de perros guardianes que han hecho del cajero su casita para dormir.

Como no ser feliz, cuando estas enfermo y decides ir al Hospital o peor al Seguro de Salud debes llevar consigo una cama e instalarte un día antes y si por allí sientes que la vida se te puede ir; debes llevarte una camilla para sacar tu “cupo” que todos los días se oferta como máximo 20 por médico pero que 18 ya están comprometidos y no se sabe cómo o quién la ha repartido anticipadamente esos esos cupos, pero después de esperar semanas o meses el “doctor”, simplemente te receta una infinidad de análisis clínicos y después obtener esforzadamente, el “Doctor” te manda a descansar por tres días con unas pastillas de aspirina. El Ancashino es feliz, aun cuando reniega al ir hacer un trámite en una municipalidad, gobierno regional o alguna oficina de algún sector te tratan como a perro chusco pulguiento desde el portero y a la secretaria ni le interesas o peor el jefe ni te recibe y para que pase tus papeles se demoran o pagas un “peaje” para que la gestión sea rápida.

Y somos muy felices los Ancashinos, cuando nos construyen canales de riego pero no resuelven el problema de la baja producción agraria, construyen muchos hospitales y  los servicios cada vez empeoran y más gente que se muere de cáncer o por la mala atención; o tenemos mejores colegios pero el problema de la educación esta pésimo, ponen las primeras piedras para agua y desagüe y la gente es más anémico y desnutrido, o todos los días inauguran pistas, veredas, locales, carreteras y toda infraestructura imaginada, pero la gente sigue pobre; somos felices cuando roban pero hacen obras y al final no solucionan los problemas.

Los Ancashinos somos felices así; ¿debe cambiar todo esto?, no creo, porque aun teniendo los servicios de salud muy malos, o estando en los últimos lugares de comprensión lectora o dominio matemático, o estando anémicos, desnutridos o no haya empleo a pesar que los presupuestos del gobierno regional o municipal sobra no menos del 25%, simplemente somos felices y elegimos a las autoridades que hemos tenido que esperamos cambie con los que fueron elegidos en el 2018.

Si somos tan felices los Ancashinos, ¿debemos elegir alguien que haga diferente las cosas?, no creo, entonces bien merecido de tener a Juan Carlos Morillo o Juan Rebaza como los posibles gobernantes de nuestra alicaída región.